viernes, 17 de febrero de 2012

La política de la distensión y la "diplomacia del ping pong".


Por Ricardo López Göttig

Desde inicios de los años sesenta, la Unión Soviética y la República Popular China se habían distanciado y provocado la ruptura del “campo socialista”. Si bien en vida de Stalin hubo resquemores con Mao Zedong, resultaba claro que el liderazgo del mundo socialista era reconocido al primer país en donde había triunfado la revolución en 1917. Pero tras la muerte del líder soviético y el gobierno en la URSS de una dirección colegiada del Politburó, Mao aspiraba a ser considerado un par.

El propósito de este trabajo es explorar en qué contexto se desarrolló la llamada "diplomacia del ping pong" por parte de Estados Unidos y la República Popular China, en los años sesenta, en tiempos de la política de distensión. Procuraremos reflexionar sobre este acercamiento en plena guerra fría por parte de un presidente estadounidense que se había labrado fama de anticomunista duro en Occidente, Richard Nixon, y el líder chino que recelaba de la URSS por su carácter "revisionista" y que se presentaba como el más revolucionario, Mao Zedong.

La primera señal de alarma para los líderes de la RPC se produjo con el célebre discurso de carácter secreto de Nikita Jruschov en el XX Congreso del Partido Comunista soviético –al que asistieron delegados de todos los partidos comunistas, gobernasen o no-, en el que hizo la crítica a los crímenes cometidos por Stalin en contra de los miembros del partido. Comenzaba, de ese modo, la etapa conocida como “desestalinización”, criticado por Mao como un “revisionismo”. No obstante, ambos países siguieron siendo aliados en esos años, hasta que se produjo el quiebre en el decenio de los sesenta.

A pesar de que en octubre de 1964 Jruschov fue desplazado como secretario general del Partido Comunista soviético por Leonid Ilich Brezhnev, este cambio no llevó a la reconciliación de los dos gigantes del mundo socialista, ya que ambos se consideraban los intérpretes más fieles y “ortodoxos” del marxismo-leninismo. Brezhnev no tenía experiencia ni conocimientos sobre política internacional y, de hecho, Andrei Gromiko continuó como ministro de Relaciones Exteriores hasta los años de Mijail Gorbachov. O sea que, más allá de que se hubiera nombrado un nuevo secretario general del PC soviético, los miembros del Politburó seguían siendo los mismos y, por consiguiente, persistían en una visión rusocéntrica y desconfiada de lo que ocurría en la República Popular China.

Vietnam

Desde la administración Eisenhower, los Estados Unidos se involucraron en la península de Indochina para contener el avance del socialismo, que había logrado la independencia de Vietnam del Norte (formalmente, República Democrática Popular de Vietnam) frente a Francia. Tras las conferencias de paz en Ginebra, de 1954, había un compromiso de unificar a los dos Vietnam en elecciones libres y conjuntas en 1956, pero lo cierto es que ninguna de las partes estuvo seriamente comprometida a cumplirlo. El presidente Dwight Eisenhower, exponiendo la “teoría del dominó”, sostuvo económicamente y militarmente a Vietnam del Sur (formalmente, República de Vietnam), entonces presidida por Diem. Era una prolongación de la Doctrina Truman de 1947, ahora para asistir a un aliado en Asia sudoriental. De allí que en 1955 se creara la SEATO, la alianza militar integrada por EE.UU., Gran Bretaña, Australia, Francia y países de la región, incluyendo a Pakistán; en este organismo, Vietnam del Sur fue miembro observador, junto a Camboya. El gobierno estadounidense envió asesores militares a Vietnam del Sur, a fin de preparar profesionalmente al ejército del nuevo país, que ya comenzaba a enfrentarse a la guerrilla marxista-leninista rural del Vietcong desde 1958, que era sostenida por el régimen de Ho Chi Minh en Hanoi. Esta política, paradojalmente, fue criticada por dos senadores de la oposición demócrata, John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson quienes, si bien estaban de acuerdo en auxiliar a Vietnam del Sur, proponían la “vietnamización” del conflicto. Por su parte, el entonces vicepresidente Richard Nixon sostenía que debía incrementarse la presencia estadounidense en ese país, para impedir el avance del socialismo, en consonancia con la política Eisenhower. En las elecciones de noviembre de 1960, se impuso el binomio Kennedy-Johnson sobre el republicano Nixon. En su presidencia, Kennedy debió enfrentar los desafíos de Nikita Jruschov quien, a pesar de su proclamada idea de la “coexistencia pacífica”, provocó dos situaciones sumamente conflictivas: la construcción del muro de Berlín en agosto de 1961, y la instalación de bases de misiles nucleares en Cuba, en octubre y noviembre de 1962, evento que podría haber desembocado fatalmente en una guerra atómica.

El Vietcong incrementó su actividad guerrillera en Vietnam del Sur y esto provocó el envío de unos veinte mil asesores militares estadounidenses, contradiciendo la idea de la “vietnamización”. Tras el asesinato de Kennedy en diciembre de 1963 y el ascenso de Johnson, el nuevo presidente llegará a enviar a suelo vietnamita más de medio millón de soldados. En 1968, año de comicios presidenciales en Estados Unidos, el Vietcong lanzó la ofensiva del Tet contra las bases militares estadounidenses en Vietnam del Sur, así como llegó a tomar posesión de algunas ciudades por algunas semanas. Si bien para el Vietcong esta fue una jugada suicida que mermó significativamente sus efectivos, el impacto en la opinión pública occidental fue letal para las aspiraciones de Johnson, quien renunció a un nuevo período. Bob Kennedy fue asesinado ese año en plena campaña, y en las filas demócratas el pacifista Hubert Humphrey ganó las primarias; en tanto que Richard Nixon volvió a la arena política y ganó las primarias republicanas. Esta vez Nixon fue electo presidente con su promesa de “vietnamizar” la guerra y llevar a su casa a los soldados de EE.UU.

El tablero político del mundo a fines del decenio de los sesenta era extremadamente complejo y explosivo. Los líderes occidentales eran cuestionados por los activos movimientos pacifistas que tomaban las calles, los jóvenes de Francia, Alemania y Estados Unidos rechazaban los valores de Occidente, en tanto que admiraban a Mao Zedong, Guevara y Fidel Castro [1]. Por otro lado, en el bloque socialista, el intento de crear un “socialismo con rostro humano” en Checoslovaquia fue aplastado por los tanques del Pacto de Varsovia, y en la República Popular China comenzó en 1966 la etapa de la Gran Revolución Cultural Proletaria impulsada por Mao Zedong en contra de sus rivales dentro del partido utilizando a los jóvenes Guardias Rojos, que llevó al país a la anarquía.

A pesar de sus credenciales anticomunistas, Nixon y su entonces asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, tejieron los primeros lazos para iniciar una etapa de diálogo con la URSS, lo que se conocerá como la “política de distensión”. En Europa, la política de distensión tuvo su mayor éxito con la Ostpolitik del canciller Willy Brandt, de signo socialdemócrata, de la República Federal Alemana.

¿Por qué se produjo este acercamiento entre los EE.UU. y la URSS? Nixon y Kissinger querían salir del atolladero de Vietnam con el menor perjuicio posible para el prestigio del país, en tanto que Brezhnev buscaba reducir la conflictividad dentro de su propio bloque. Los estadounidenses suponían que Vietnam del Norte era más dócil a los mandatos de la URSS, pero luego advirtieron que Ho Chi Minh tenía sus propios objetivos en Indochina y que, en muchas ocasiones, los soviéticos acompañaban a regañadientes sus iniciativas. Su grado de autonomía era altísimo dentro del bloque socialista, e incluso recibía ayuda militar tanto de la URSS como de la RPC.

Asimismo, los soviéticos estaban preocupados por su vecino chino que, si bien deberían ser aliados frente a Occidente capitalista, estaban enzarzados en un enfrentamiento ideológico y geopolítico que los llevó a los enfrentamientos bélicos en el río Ussuri, en 1969 [2]. Se han contabilizado 400 enfrentamientos en la frontera en 1960, más de cinco mil en 1962 y unos cuatro mil en 1963, años en los que se produjo la ruptura sino-soviética. Mao afirmaba que la región del lago Baikal era parte del antiguo imperio chino, arrebatada por el expansionismo zarista en el siglo XIX [3].

Los dos colosos socialistas

La Unión Soviética, a pesar de su declamado socialismo internacionalista, en gran medida prosiguió la ambición imperial expansionista y rusocéntrica del zarismo. Stalin tuvo intenciones de asegurar la presencia soviética en Manchuria cuando finalizaba la segunda guerra mundial, y para ello negoció con el Kuomintang, aunque luego apoyó al Partido Comunista chino. Stalin también tuvo ambiciones sobre la región del Xinjiang, habitada por los uigures, turcomanos étnicamente emparentados con los habitantes de las cinco repúblicas soviéticas de Asia Central. Por otro lado, en el Politburó temían una invasión masiva a Siberia, por lo que pusieron sus esperanzas defensivas en la superioridad nuclear. La URSS era el país de mayor extensión en el planeta, pero su gran debilidad era su poca densidad demográfica, particularmente en la Rusia asiática que, además, es rica en recursos minerales. Desde este punto de vista, ¿por qué se produjo el enfrentamiento por la isla de Zhenbao/Damanski en el río Ussuri? Es posible que Mao haya provocado este incidente para desafiar al poder soviético, quizás para unificar en torno suyo a los chinos, tras los agitados años de la Revolución Cultural. Los soviéticos respondieron en modo contundente con tanques y artillería pesada y exploraron la posibilidad de una respuesta atómica con el aval estadounidense, pero Nixon –hacía poco que había accedido a la presidencia- se negó. Es probable que el Politburó haya interpretado que el gobierno chino había quedado muy debilitado y vulnerable por la Revolución Cultural [4]. El historiador ruso Vladislav Zubok señala que Brezhnev estuvo preocupado por un posible ataque chino en la frontera, y que el Ejército Rojo no hubiera sabido qué hacer si una multitud de miles de chinos desarmados cruzaba el río [5].

Mao Zedong, tras restablecer el orden interno después de la caótica Revolución Cultural que él mismo impulsó, comprendió que la República Popular China estaba cada vez más aislada en el escenario internacional, y su única aliada en el mundo era Albania… Rodeados de enemigos pro-occidentales (Japón, Corea del Sur, Filipinas, Taiwán) y pro-soviéticos (URSS, Mongolia, Corea del Norte, e incluso la India), la sensación de aislamiento lo llevó a tender la mano al enemigo ideológico por excelencia, los Estados Unidos.

El presidente Nixon se preocupó por la posibilidad de que la URSS se impusiera en la guerra sino-soviética, ya que eso hubiese alterado el delicado equilibrio en Asia Oriental [6].

El régimen de Vietnam del Norte era provisto militarmente también por la República Popular China, por lo que era uno de los actores a tener en cuenta en las negociaciones para la retirada de las tropas estadounidenses de Indochina. Esto significaba buscar un canal de conversaciones con el régimen socialista chino, después de tantos años de aislamiento y recelo.

Según Jeffrey Kimball, la visita de Nixon a Pakistán en 1969, tras formular la conocida “doctrina de Guam” sobre la vietnamización de la guerra, tuvo como uno de sus objetivos que el gobierno de este país transmitiera a la diplomacia de la RPC su intención de comenzar un acercamiento [7]. Una señal del compromiso real de vietnamizar la guerra fue en febrero de 1971 cuando los sudvietnamitas incursionaron en territorio laosiano para desarticular la provisión de armas a sus enemigos a través de la llamada “senda Ho Chi Minh”, que estaba en la jungla. En esa ocasión, que se temía una presencia significativa de tropas estadounidenses, Nixon optó por no intervenir, dejando la iniciativa en manos del presidente sudvietnamita Thieu. Esto convenció a los chinos de que la vietnamización era un proceso sincero de retirada de las tropas americanas. [8]

El 10 de abril de 1971, en China se recibió a una comitiva de jugadores estadounidenses de ping-pong, un hecho insólito después de dos decenios sin relaciones diplomáticas [9]. Este episodio, que dio inicio a lo que se conoció como la “diplomacia del ping-pong”, fue una significativa señal de apertura hacia el Occidente. Resulta interesante observar cómo ambos países emitían señales para que el otro pudiera decodificar la voluntad de diálogo, sin que ello significara abandonar los principios políticos y filosóficos que sustentaba cada régimen. El 14 de abril, Richard Nixon respondió con el relajamiento del embargo comercial a la RPC, se extendieron visas para visitas y se permitió que navíos y aviones de EE.UU. pudieran llevar mercancías de China continental.

El primer contacto secreto fue la visita de Henry Kissinger a Beijing en julio de 1971, ocasión en la que se encontró con Zhou Enlai, a la sazón primer ministro de la RPC. En ambos países, además de tener como rival común a la Unión Soviética, debían estabilizar la situación interna: Nixon precisaba de éxitos en su política exterior y demostrar que podía retirar las tropas en Vietnam, así como Mao Zedong necesitaba calmar los ánimos después de la Revolución Cultural, en la que los Guardias Rojos humillaron y atacaron a los funcionarios que denunciaban como “derechistas”, y luego ordenó al ejército a poner en orden a esos jóvenes. Nixon anunció en un discurso televisivo que este acercamiento a China –y se refería implícitamente a la RPC, no a la China nacionalista- no era en detrimento de las alianzas ya forjadas. El 17 de julio escribió al presidente de Taiwán, Chiang Kai-Shek, asegurándole que mantendría el tratado de defensa de la isla firmado en 1955 [10].

Resultado de este inesperado acercamiento entre estas dos naciones, fue el ingreso de la República Popular China en la ONU, desplazando a Taiwán (formalmente República de China) de su sitial permanente en el Consejo de Seguridad el 25 de octubre de 1971. Con el aval de Estados Unidos, la RPC ocupó su lugar por 76 votos a favor y 35 en contra en la Asamblea General, aun cuando la diplomacia americana intentó –sin mucha convicción- que Taiwán conservara un sitial en la Asamblea [11]. Así como por la Ostpolitik ambas Alemanias ingresaron en la ONU y se reconocieron mutuamente, y los países pudieron tener relaciones diplomáticas con ambas a la vez, con la diplomacia del ping pong la mayor parte de los países occidentales reconocieron como gobierno legítimo de China a la RPC, en detrimento de Taiwán.

Distensión entre URSS y EE.UU.

La apertura estadounidense hacia la República Popular China no alteró las conversaciones de desarme y limitación de armas con la Unión Soviética. Nixon viajó a Moscú a mediados de 1972, siendo la primera visita de un primer magistrado de ese país a la URSS y Polonia. Teniendo en cuenta, entonces, los antecedentes de Nixon en el seno del partido republicano y su famoso anticomunismo, el giro inesperado de su presidencia tuvo consecuencias inesperadas en el tablero de Asia oriental.

De la posición de debilidad, manifestaciones, el surgimiento de la contracultura hippie, los asesinatos de Bob Kennedy y Martin Luther King y la agitación interna juvenil por su participación creciente en la guerra de Vietnam, los Estados Unidos retomaron la iniciativa diplomática gracias a la audacia de Nixon y Kissinger, que se quitaron de encima los pesados prejuicios ideológicos y optaron por negociar con sus enemigos más acendrados.

Esta iniciativa diplomática lo transformó en el árbitro entre los dos colosos del campo socialista, podía inclinar hacia un lado u otro su ayuda en el caso de un nuevo enfrentamiento bélico, que hubiese tenido consecuencias devastadoras para la vida en el planeta. De este modo, introdujo una cuña entre ambos enemigos, que significó un elemento estabilizador por su capacidad nuclear, militar y económica.

Para los EE.UU., esta apertura significó también un nuevo mercado para sus exportaciones. Japón, en septiembre de 1972, reconoció como único gobierno legítimo a la República Popular China y “respetaba” su reclamo por la “reincorporación” de Taiwán, a la vez que la RPC cesó en sus demandas de indemnizaciones a Japón por la invasión entre 1937 y 1945 [12]. El primer ministro Tanaka visitó Beijing ese año, y esto abrió el comercio entre ambos colosos del Asia Oriental, tantos decenios enfrentados. En ese viaje, el premier Tanaka reconoció y se disculpó por el sufrimiento que los japoneses ocasionaron al pueblo chino, como un gesto inequívoco para alcanzar la paz sino-japonesa [13]. Para la RPC, este acercamiento y normalización de relaciones supuso el acceso a tecnología y capitales de los que carecía, lo que la sacaba del aislamiento y la fortalecía ante una posible nueva agresión soviética. Esta política claramente tendrá mayores resultados tras la muerte de Mao Zedong en 1976 y la apertura económica liderada por Deng Xiaoping. Pero el primer paso ya estaba dado.

Si bien se estima que la URSS había alcanzado en los años setenta la paridad estratégica con los Estados Unidos, no dejaba de ser un país subdesarrollado con armas atómicas. La situación interna del bloque socialista era de grandes privaciones para la población, en tanto que volcaban la mayor parte de sus recursos a la carrera armamentista, así como su industria se tornaba obsoleta y su economía era ineficaz por su planificación central. Sedienta de capitales, la URSS precisaba de acuerdos comerciales para incentivar la inversión en su territorio, y para ello requería normalizar sus relaciones con el Occidente capitalista. De allí que, a pesar suyo, el Politburó precisara de acuerdos de limitación de armas para poder volcar recursos hacia la salud, la alimentación y la vivienda dentro de su propio país, aun cuando emergiera la República Popular China como un rival fortalecido por su aproximación al Occidente. El tratado SALT de limitación de armas –que si bien nunca se llegó a firmar, fue la base para posteriores negociaciones entre ambas superpotencias en los años ochenta-, fue un paso gigantesco para dos bloques que tenían la capacidad de destruirse mutuamente –la denominada MAD- y también la de aniquilar toda forma de vida existente sobre el planeta, si utilizaban sus respectivos arsenales. En este contexto se inscribieron las negociaciones de Helsinki, que finalizaron en la convención firmada en 1975.

Esta situación de árbitro entre los dos grandes países socialistas, sumado a la victoria electoral de Nixon frente a George McGovern en noviembre de 1972, tuvo como resultado la posibilidad de llegar a un compromiso con Vietnam del Norte en febrero de 1973, luego de tantos años de negociaciones secretas en París. El régimen de Hanoi estaba fuertemente desgastado por tantos años en guerra, el país severamente bombardeado y sus principales aliados acercándose a los Estados Unidos.

¿Triángulo?

¿Es posible hablar de una diplomacia triangular en Asia Oriental como resultado de la apertura de China? En rigor, sería difícil hablar de un triángulo, puesto que las relaciones entre la URSS y la RPC eran las más hostiles. De hecho, según Kissinger [14], Leonid Brezhnev habría explorado la posibilidad de llevar adelante un ataque preventivo a la RPC por su creciente arsenal nuclear. Esto supuso un elemento de ventaja para Occidente, ya que tendió su mano hacia la China de Mao en el momento de su mayor aislamiento, sacándola del ostracismo, a pesar de su abismal distancia ideológica.

Si bien durante la breve presidencia de Gerald Ford prosiguió la política de distensión y se terminaron de retirar de la península de Indochina, en la presidencia de Carter hubo un serio retroceso en la relación con la Unión Soviética. Probablemente este distanciamiento ayudó a asentar aún más las relaciones con la RPC, a punto tal que Carter se desentendió del tratado de defensa a Taiwán en 1980, así como reconoció como único gobierno legítimo de China a la RPC.

Es decir que, en el enfrentamiento con el campo socialista, los Estados Unidos y Occidente se enfocaron en la contención de la URSS, ya que esta potencia no sólo tenía un enorme arsenal atómico a su disposición, sino que había demostrado claras ambiciones de expansión en Europa, Asia, África y América latina. El desafío chino, en cambio, se circunscribía al Asia Oriental y no parecía suponer un desafío global.

Asimismo, los comunistas chinos demostraron una gran capacidad de apertura y pragmatismo en su acercamiento hacia el Occidente: nadie podía objetar a Mao Zedong como “reformista” o “revisionista”, ya que para la RPC era un Lenin y Stalin simultáneamente: el fundador y el estabilizador del nuevo régimen. En este sentido, es interesante observar que un revolucionario profesional que fue guerrillero en su juventud, tuvo más capacidad de transformación en su visión del mundo que la que tuvieron los miembros del Politburó soviético, que no habían combatido por el triunfo de la Revolución bolchevique de 1917. A lo sumo, muchos de ellos sí habían participado como soldados en la guerra contra la Alemania nazi entre 1941 y 1945, pero no como “revolucionarios”, sino como patriotas. Esta falta de “diplomas” en su carácter de revolucionarios, los incomodaba frente a los desafíos de Mao Zedong, Ho Chi Minh o Fidel Castro, que llamaban a la guerra total contra el imperialismo. Los miembros del Politburó eran burócratas del partido y querían conservar sus posiciones, sin llegar a los extremos para conservar el legado de Stalin.

La audacia y la ambición de Richard Nixon fueron acompañadas por el pragmatismo de Henry Kissinger, un declarado admirador de Metternich y Otto von Bismarck.



[1] John Lewis Gaddis, Nueva historia de la Guerra Fría. México, FCE, 2011. PP. 175-177.

[2] Gaddis, Op. Cit., p. 182.

[3] K. R. Bolton, Russia and China an approaching conflict?”. En The Journal of Social, Political, and Economic Studies. Volumen 34, n° 2, 2009.

[4] Vladislav Zubok, Un imperio fallido. Barcelona, Crítica, 2008. P. 316

[5] Zubok, Op. Cit., p. 315.

[6] Gaddis, Op. Cit., p. 183.

[7] Jeffrey Kimball, “The Nixon Doctrine: a Saga of Misunderstanding”. En Presidential Studies Quarterly, Volumen 36, n°1, 2006. Cabe recordar que Pakistán y la República Popular China han tenido conflictos bélicos por cuestiones fronterizas con la India, por lo que debía haber activos canales de conversación entre ambos países.

[8] Alexander Bevin, The strange Connection: U.S. intervention in China, 1944-1972. Connecticut, Greenwood Press, 1998. P. 220.

[9] Estos deportistas habían jugado en un campeonato internacional en Tokio, por lo que la comitiva china invitó a los estadounidenses a visitar su país. Nixon dio inmediatamente el visto bueno.

[10] Bevin, Op. Cit., p. 221.

[11] Bevin, Op. Cit., p. 222.

[12] Bevin, Op. Cit., p. 225.

[13] Bevin, Op. Cit., p. 225.

[14] Citado por Zubok, Op. Cit., p. 315.


Bibliografía consultada

John Lewis Gaddis, Nueva historia de la Guerra Fría. México, FCE, 2011.

Vladislav Zubok, Un imperio fallido. La Unión Soviética durante la Guerra Fría. Barcelona, Crítica, 2008.

Alexander Bevin, The strange Connection: U.S. intervention in China, 1944-1972. Connecticut,Greenwood Press, 1998.

Jeffrey Kimball, “The Nixon Doctrine: a Saga of Misunderstanding”. En Presidential Studies Quarterly, Volumen 36, n°1, 2006.

K. R. Bolton, Russia and China an approaching conflict?”. En The Journal of Social, Political, and Economic Studies. Volumen 34, n° 2, 2009.

Robert Service, Camaradas. Barcelona, Ediciones B, 2009.

John King Fairbank, China, una nueva historia. Santiago de Chile, Andrés Bello, 1996.

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